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Los residuos nucleares

Publicado por Ángeles Méndez

Las reacciones de desintegración de núcleos radiactivos, que en un principio se asociaron a fines de tipo bélico, son hoy en día procesos de gran relevancia y de amplio uso en medicina, industria, investigación o en la producción de energía en las centrales nucleares.

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El número de desintegraciones por unidad de tiempo es proporcional al número de núcleos radiactivos y, por lo tanto, se dice que son reacciones de primer orden.

Un parámetro que se asocia a cada núcleo radiactivo es su vida media. La vida media es el tiempo que se necesita para que se transforme la mitad de cualquier cantidad de un isótopo radiactivo.
Cuando un isótopo se desintegra, lo hace emitiendo partículas de diferente tipo; por u lado tenemos las partículas tipo alfa (α), que se tratan de núcleos de helio, partículas beta (β), es decir electrones, o radiación de tipo gamma (γ), esta última especialmente perjudicial, pues provoca graves lesión y alteraciones en el organismo de los seres vivos.

Algunos radioisótopos, como el 93Kr, poseen vidas medias especialmente pequeñas, mientras que otros, como puede ser el caso del uranio 235 o el uranio 238, poseen vidas medias bastante elevadas.

La generación de energía eléctrica a través de las reacciones de tipo nuclear, conlleva ciertos riesgos asociados a la seguridad y suministro de combustible nuclear (uranio). No obstante, un problema no menos importante es el siguiente: ¿qué hacer con los residuos radiactivos generados en las centrales nucleares? En la fisión del uranio 235, se generan nuevos radioisótopos que, a su vez, son núcleos radiactivos de vida media también alta.
Debido a la persistencia de la radiactividad, debemos convivir con ciertas cantidades de residuos radiactivos. Los residuos no proceden solamente de las centrales nucleares, sino también de los radioisótopos utilizados en la exploración medica, en material contaminado de las personas que trabajan en hospitales o fábricas, laboratorios nucleares, y un largo etc.

Para protegernos de los efectos de la radiactividad, y para proteger a generaciones futuras, es necesario encontrar una forma segura de almacenar estos residuos de modo que permanezcan aislados del medio ambiente hasta que se encuentre algún modo de deshacerse de ellos sin perjudicar el medio. Una práctica frecuente es la introducción de los residuos en grandes bloques de vidrio (pues absorbe parte de la radiación) que se encierran en contenedores resistentes a la corrosión. El alto nivel de radiactividad del contenido hace que os contenedores se calienten, siendo necesario evitar el contacto con la humedad ya que, en esas condiciones la probabilidad de corrosión es demasiado elevada. Por ello, los contenedores se entierran a grandes profundidades en zonas secas donde puedan permanecer durante al menos 10.000 años.

No hay que menospreciar tampoco el coste económico de gestión de los residuos radiactivos para cada país, los cuales se elevan a altas cifras. Así que, los residuos nucleares y la radiactividad que desprenden no sólo son perjudiciales para el medio y para las personas sino que también es muy persistente en el tiempo, y costoso para la sociedad.

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