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Contaminantes atmosféricos

Publicado por Ángeles Méndez

La contaminación atmosférica hace referencia a la existencia en el aire de sustancias no inocuas, que comprometen la seguridad, produciendo en ocasiones un fuerte daño, ya sea a personas como a la naturaleza en sí.

Las principales causas que producen la contaminación atmosférica son los procedimientos de carácter industrial, donde se llevan a cabo procesos de combustión, calefacción, etc., o en general todo tipo de actividad que genere gases nocivos en sus procesos de producción, como pueden ser el cloro, ciertos hidrocarburos, dióxido y monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, azufre, etc.

Dicha contaminación, puede ser de carácter local, o general del planeta, en el caso de que el contaminante que esté afectando provoque un desequilibrio en la Tierra, incluso en lugares muy distantes de la zona donde haya sido emitido el contaminante en cuestión.

Existen dos grandes grupos de contaminantes atmosféricos:

  • Contaminantes primarios
  • Contaminantes secundarios

Los contaminantes primarios, son aquellos que se vierten directamente a la atmósfera, por ejemplo: el dióxido de azufre, el cual provoca serios daños a la vegetación de manera directa y también al ser humano, pues es bastante irritante para el aparato respiratorio.

Los contaminantes secundarios en cambio, son aquellos que se forman a través de la implicación de la atmósfera, pues en ella sufren reacciones y llevan a cabo procesos químicos, que transforman a dichas sustancias, generalmente contaminantes primarios, convirtiéndolas en nocivas, aunque no siempre es así.

Los contaminantes secundarios más importantes son el ácido sulfúrico, el cual se forma a través de la oxidación que se lleva a cabo del SO2; el dióxido de nitrógeno (NO2), que se forman también a través de una oxidación, en este caso, del contaminante primario NO, y quizás el tercer contaminante secundario más conocido sea el ozono (O3), que se forman partiendo del O2.

Los contaminantes, ya sean los primarios o los secundarios, se depositan en la superficie terrestre a través de la deposición de los mismos, la cual puede ser de tipo húmeda o seca. Estas deposiciones afectan directa o indirectamente a todo tipo de receptores, los cuales pueden ser: personas, materiales, animales, bosques, cultivos, ecosistemas marinos, y un largo etc.

En diversos países existen unidades de vigilancia para la contaminación atmosférica, las cuales se encargan de realizar mediciones de los diferentes contaminantes y sus concentraciones.

Los principales tipos de contaminación son:

  • Contaminantes gaseosos
  • Aerosoles

Contaminantes gaseosos:

Los contaminantes gaseosos varían su concentración, según en el ambiente que se encuentren. Los contaminantes más comunes de este tipo son:

  • Dióxido de carbono
  • Monóxido de carbono
  • hidrocarburos
  • Óxidos de nitrógeno
  • Óxidos de azufre
  • Ozono

Todos estos contaminantes proceden de diferentes fuentes, pero por lo general la principal fuente de producción de dichos componentes químicos es la combustión de fósiles.
El aire interior, se suele ver contaminado por el uso de diversos materiales en la construcción, por la consumición de tabaco, productos agresivos de limpieza, construcción de materiales, etc.
El tipo de contaminación más conocido en el aire interior es el famoso “smog” o niebla tóxica, que generalmente hace mención al efecto de la luz solar en los gases que han sido emitidos por los automóviles y las fábricas e industrias.

Los aerosoles están formados por una mezcla de tipo heterogéneo de partículas en diferentes estados (líquidas o sólidas) que se encuentran en suspensión dentro del gas, o del aire de la atmósfera.
A veces dichas partículas son lo bastante grandes como para ser visibles, como es el caso del humo o el hollín; en cambio, hay otras muchas partículas que no son visibles a simple vista, pero que si pueden ser respiradas, pudiendo entonces producirnos irritación, y daños varios, pues al ser respiradas en profundidad, éstas pueden pasar a la sangre, causando males mayores, o permaneciendo en nuestro organismo por largos periodos de tiempo.

Dentro de los tipos de gases que contaminan nuestra atmósfera, nos encontramos a los famosos CFCs (clorofluocarbonos), los cuales poseen efectos gravemente negativos, como por ejemplo, la destrucción de la capa de ozono, o el incremento del efecto invernadero.
Los CFCs son utilizados en los sistemas de refrigeración y/o climatizador, debido a su gran poder de conducción, siendo desgraciadamente liberados a la atmosfera, cuando los aparatos son destruidos o desechados. También son utilizados en aerosoles como propelente, siendo liberada cierta parte en cada uso de dicho aerosol.

Hoy en día, a través del protocolo de Montreal se ha controlado, e incluso puesto fin a la producción de ciertos de estos productos, siendo sustituidos por otros, como por ejemplo, el CO2 en el caso de los aerosoles.

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